Sostenibilidad

¿Qué es la bioconstrucción?

Hace unas semanas nos contactaron desde EFE Verde para hablar sobre bioconstrucción, por lo que hoy os traemos un artículo sobre qué es la bioconstrucción.
Publicado el 08 abril 2024
que es la bioconstruccion

Hace unas semanas fuimos contactados por EFE Verde para hablar sobre qué es la bioconstrucción y cómo se aplica en la arquitectura actual.

EFE Verde es la plataforma global de noticias ambientales de la Agencia EFE, especializada en la actualidad sobre medio ambiente, energías renovables, biodiversidad, economía circular y, en general, desarrollo sostenible.

Se trató de una entrevista en profundidad en la que abordamos la viabilidad actual de la bioconstrucción desde la perspectiva de un equipo de arquitectura que la aplica de forma práctica en sus proyectos, combinando criterios ecológicos y de salud.

Además de desmentir ciertos mitos sobre la viabilidad económica de construir una vivienda saludable y eficiente, consideramos fundamental destacar que la bioconstrucción requiere un alto nivel de rigor profesional. Cada decisión debe evaluarse cuidadosamente, analizando el posible incremento de costes en relación con los beneficios obtenidos en términos de eficiencia energética, bienestar y salud para sus ocupantes.

¿QUÉ ES la bioconstrucción?

 

En términos generales, la bioconstrucción consiste en aplicar criterios de sentido común a la edificación, buscando siempre la armonía entre las personas y el medio ambiente. Se trata de diseñar y construir viviendas que reduzcan al mínimo su impacto ambiental, optimicen la eficiencia energética y proporcionen un ambiente interior saludable para sus ocupantes.

Hoy en día, disponemos de los conocimientos y la tecnología necesarios para levantar viviendas de consumo casi nulo, capaces de generar su propia energía y mantener unas condiciones interiores óptimas sin necesidad de un consumo energético elevado. Desde nuestro estudio, este es el modelo que tratamos de implementar en cada proyecto.

Número de viviendas construidas bajo criterios de bioconstrucción


Si hablamos de bioconstrucción en sentido estricto —es decir, viviendas de consumo nulo construidas únicamente con materiales naturales—, el número sigue siendo reducido, tanto a nivel nacional como internacional. Esto se debe, en gran parte, a que una ejecución completamente fiel a estos principios suele implicar un coste más elevado que el de construcciones con aislamientos o elementos derivados del petróleo. Para muchos clientes, apostar por bioconstrucción al 100 % i por aislamientos naturales implica renunciar a metros cuadrados o ajustar otras partidas, algo que no siempre es viable.

En nuestro enfoque, proponemos un equilibrio: cada familia define sus prioridades, decidiendo si invertir más en superficie, en eficiencia energética o en materiales naturales. No siempre es posible maximizarlo todo, pero sí se puede alcanzar un punto intermedio que combine sostenibilidad, confort y viabilidad económica.

¿Cómo ha evolucionado la bioconstrucción?

 

Antes de hablar de incrementos o tendencias, conviene matizar que, más que diferenciar entre vivienda ecológica y vivienda convencional, deberíamos hablar de viviendas bien construidas y viviendas mal construidas. Una vivienda bien construida es aquella que utiliza materiales naturales, no contaminantes, y que, gracias a su diseño, aprovecha y almacena el calor solar sin necesidad de recurrir a energías procedentes de combustibles fósiles para mantener un ambiente interior confortable. En esencia, este es el verdadero significado de lo que hoy conocemos como bioconstrucción.

Si observamos la historia, el momento de mayor esplendor de las viviendas bien construidas se dio antes de la Revolución Industrial. Durante siglos, las construcciones se adaptaban al entorno, aprovechaban recursos locales y funcionaban de forma pasiva para mantener el confort. Sin embargo, con la llegada del carbón y el petróleo, la construcción comenzó a orientarse hacia abaratar costes inmediatos, a costa de incrementar la dependencia energética mediante sistemas de calefacción intensivos y el uso de aislantes plásticos.

Hoy sabemos que esta estrategia, aunque más barata a corto plazo, resulta mucho más costosa a largo plazo. Una vivienda mal aislada genera una “segunda hipoteca” en forma de gasto energético continuo, además de crear ambientes interiores resecos que afectan a nuestra salud al reducir nuestras defensas naturales. A esto se suma el impacto ambiental del uso de combustibles fósiles y la huella ecológica derivada de materiales no sostenibles como los aislantes derivados del petróleo.

El reto de la bioconstrucción actual es recuperar la lógica de las construcciones tradicionales adaptándola a la tecnología y conocimientos de hoy, para que algún día pueda convertirse en la norma y no en la excepción.

¿Qué diferencia de coste hay entre una vivienda convencional y una ecológica?

 

La diferencia depende de dos factores principales: los materiales empleados y la eficiencia energética del diseño.

Si hablamos del uso de materiales naturales frente a los convencionales, el coste por metro cuadrado suele ser más alto. Por ejemplo, un aislamiento de corcho es más caro que uno de poliestireno expandido. Esto ocurre en parte porque la normativa actual no penaliza las emisiones adicionales de CO₂ derivadas de la fabricación de materiales derivados del petróleo, lo que abarata artificialmente su precio. Sin embargo, colocar aislamiento de corcho de manera vista, como en la Casa en Serra d’Ordal, nos permite evitar capas de acabado que abaratan este coste.

En cambio, si nos centramos en la eficiencia energética, es posible construir una vivienda muy eficiente —y por tanto con bajo consumo— utilizando materiales no naturales. En estos casos, aunque el coste inicial pueda ser similar o ligeramente mayor que el de una vivienda convencional, el ahorro en calefacción y climatización a lo largo de su vida útil puede ser muy significativo. De hecho, muchas de estas casas se etiquetan como “ecológicas” precisamente porque, gracias a su diseño, prácticamente eliminan el gasto energético en climatización.

¿Cómo y cuándo surgió vuestro interés por la bioconstrucción?

 

En Slow Studio entendemos la bioconstrucción como algo que va mucho más allá de una técnica constructiva: es una forma de entender la vida. Diseñar y construir casas saludables y eficientes está alineado con la manera en la que vivimos, comemos, viajamos o educamos a nuestros hijos. La consciencia ecológica es un compromiso que, una vez adquirido, impregna cada decisión personal y profesional, y nos guía en todos nuestros proyectos.

Nuestro estudio, con sede en Barcelona, está especializado en arquitectura pasiva y bioclimática, integrando eficiencia energética y materiales naturales para minimizar el impacto ambiental y priorizar la salud y el bienestar de las personas. Además de desarrollar proyectos de vivienda unifamiliar, impulsamos Slow Living, una línea de trabajo centrada en promover viviendas sostenibles y asequibles en el ámbito de la vivienda colectiva. Estas promociones se diseñan con criterios bioclimáticos, materiales descarbonizados y estrategias pasivas, acercando la calidad y el confort de una vivienda pasiva a un público más amplio.

El compromiso con la bioconstrucción se complementa con una fuerte labor de divulgación y activismo climático: participamos en congresos, colaboramos con universidades y compartimos conocimiento en redes sociales para acercar conceptos como bioclimatismo, eficiencia energética y salud en la vivienda a profesionales y usuarios.

¿qué material es más óptimo para la bioconstrucción?

 

La elección del material depende tanto de la ubicación como del uso previsto de la vivienda. No es lo mismo construir una casa de fin de semana, que debe calentarse rápidamente cuando sus ocupantes llegan, que una vivienda de uso continuo para una familia, en la que se necesitan materiales capaces de acumular calor de forma gradual y mantener un ambiente interior estable. Por eso, en bioconstrucción, no existe un material “único” o universalmente óptimo; cada decisión se adapta a las condiciones climáticas locales, al comportamiento térmico deseado y a la funcionalidad de la vivienda.

En el caso de viviendas de uso habitual, somos grandes seguidores de la construcción con tierra, un material muy presente tradicionalmente en nuestro país que permite acumular inercia térmica y mantener un confort estable a lo largo del día.

¿Por qué muchas personas no se animan a construir una vivienda ecológica?

 

Actualmente, esta afirmación ya no es del todo cierta. Hoy en día, la mayoría de quienes se plantean construir su propia vivienda buscan que sea ecológica o, al menos, eficiente. El verdadero factor que frena a muchas personas es el coste inicial. Sin embargo, cuando se comprende que una inversión ligeramente superior se amortiza en unos cinco años gracias al ahorro energético, la decisión se vuelve mucho más atractiva: todo el mundo quiere una casa de consumo nulo.

Otro aspecto importante es la elección de los materiales. Se puede construir una vivienda pasiva eficiente usando aislamiento de fibra de madera o poliestireno extruido derivado del petróleo; ambos alcanzan resultados similares en eficiencia térmica, pero el segundo tiene una huella ecológica mucho mayor, además de que puede comprometer la transpiración de las paredes y favorecer la aparición de humedades o moho si no está bien ejecutado.

Hoy en día existen muchas empresas que venden “casas ecológicas”, pero al profundizar en los materiales que utilizan, a menudo estos no cumplen con criterios verdaderamente sostenibles.

¿Cómo valoráis los materiales más utilizados en bioconstrucción como adobe, paja, madera, piedra, bambú o ladrillo?

 

En cuanto a los materiales más utilizados en bioconstrucción, su elección depende del uso del proyecto, la ubicación y el equilibrio entre superficie, eficiencia energética y materiales naturales, especialmente considerando los presupuestos de los clientes.

La madera, aunque está muy de moda, presenta limitaciones según su origen. En países del norte de Europa, con bosques de árboles grandes y rectos, su disponibilidad facilita su uso; en España, la madera local suele ser de pinos pequeños y torcidos, por lo que gran parte de la madera empleada proviene del norte de Europa, lo que puede no ser ecológico debido a las emisiones de CO₂ derivadas del transporte. Además, la madera no acumula calor, por lo que en un clima mediterráneo requiere complementarse con materiales que sí retengan calor para mantener confort en invierno y frescor en verano. Por ello, es adecuada cuando se combina con ladrillo o para viviendas de fin de semana.

La piedra y el adobe, incluyendo los muros de tierra prensada, presentan excelentes propiedades térmicas, acumulando el calor del sol en invierno y manteniendo frescor en verano. Su puesta en obra requiere mano de obra especializada y artesanal, lo que incrementa el coste del proyecto, aunque ofrecen un resultado muy eficiente y saludable. La paja, como aislante no estructural, requiere conocimientos especializados y protección frente a la humedad; de lo contrario puede pudrirse, por lo que existen alternativas más eficaces, como el corcho. Los ladrillos naturales, como la termoarcilla, son otra opción muy interesante: son materiales naturales cuya puesta en obra no resulta más cara que otros materiales no ecológicos y permiten obtener un buen rendimiento térmico. Por último, el bambú, aunque tiene potencial en ciertos contextos, tiene un uso limitado en nuestro país y no siempre justifica la inversión frente a otros materiales más adaptados al clima y a la disponibilidad local.

En definitiva, no existe un “material perfecto”: cada uno debe valorarse según su función, las condiciones climáticas, la eficiencia térmica y la sostenibilidad de su origen. La bioconstrucción consiste en equilibrar estos factores para lograr viviendas saludables, eficientes y respetuosas con el medio ambiente.

 

¿Qué efectos tiene una vivienda convencional sobre el medio ambiente y la salud de sus habitantes?

 

En relación al medio ambiente, deberíamos valorar cada caso, pero generalmente se habla de huella ecológica: cuánto CO₂ hemos emitido con nuestra construcción y cuánto seguiremos emitiendo a lo largo de su vida útil.

En cuanto a la salud, depende de cómo esté construida la vivienda. Podemos encontrarnos con paredes pintadas con pintura plástica que no transpira, muros con humedades y moho, ambientes interiores resecos por la calefacción o el aire acondicionado, aislamientos o maderas que desprenden formaldehído —un compuesto cancerígeno—. Todos estos contaminantes del ambiente interior puede generar un “cóctel invisible” que mantiene nuestras defensas alerta continuamente, provocando un desgaste imperceptible en el día a día, pero que a largo plazo puede traducirse en ansiedad, cansancio, deficiencias del sistema inmunitario e incluso enfermedades graves como cáncer o asma.

¿Qué consejo le daríais a todas aquellas personas que aún no se han atrevido a construir su propia casa ecológica o bio?

 

La clave está en entender que una casa ecológica no es un lujo ni algo fuera de alcance: se trata, en esencia, de una vivienda convencional bien construida, que no requiere consumo energético innecesario para mantenerse caliente o fresca, y que ofrece un ambiente interior saludable, libre de tóxicos. Comprender qué es la bioconstrucción ayuda a ver que este tipo de proyectos no solo protegen el medio ambiente, sino que también mejoran significativamente la calidad de vida de quienes la habitan, haciendo que la inversión inicial se vea recompensada en bienestar y ahorro energético a largo plazo.

¿Qué factores hay que tener en cuenta en la bioconstrucción?

 

En nuestro estudio consideramos que una vivienda debe estar adaptada a las necesidades de la familia, ser eficiente energéticamente y construida con materiales naturales que generen un ambiente interior saludable; para nosotros, esto define la bioconstrucción.

¿La bioconstrucción interesa solo a quienes tienen conciencia ecológica?

 

Aquí conviene diferenciar entre una casa eficiente y una casa eficiente construida con materiales naturales. La mayoría de las personas se interesa por lo que les ofrece un beneficio directo: el cambio climático no suele afectar nuestro día a día a corto plazo, por lo que es difícil que alguien sin cierta conciencia ecológica se motive a apostar por una construcción natural o saludable, de la misma manera que no todos buscan productos ecológicos en un supermercado.

Sin embargo, cuando hablamos de eficiencia energética, el abanico de personas interesadas se amplía significativamente. El beneficio a corto plazo de una casa eficiente es fácil de demostrar: se traduce en un ahorro real en las facturas de calefacción, y esto atrae a casi cualquier propietario. Elegir además materiales naturales para alcanzar esa eficiencia depende tanto de la conciencia ecológica de la persona como de su presupuesto, ya que no siempre es posible combinar eficiencia y materiales naturales sin ajustar otros aspectos del proyecto.

¿Cómo es el proceso para que un cliente tenga su nueva casa y cuánto dura?

 

Los clientes suelen acudir a nosotros cuando ya tienen terreno o están a punto de adquirirlo. Desde ese momento, normalmente pasan entre uno y medio y dos años hasta poder entrar en su vivienda. El proceso incluye varias fases: primero, la definición técnica del proyecto, con numerosas reuniones con la familia; después, la planificación económica y la selección de constructores; y finalmente, la dirección y supervisión de obra, todo bajo el seguimiento cercano de nuestro equipo.