Salud y biohabitabilidad
Espacios sanos para niños
Creando entornos saludables para los más pequeños
Sin duda nuestros espacios habitados influyen en gran medida en nuestra salud y bienestar y en el caso de los niños, con organismos y sistemas inmunológicos en desarrollo, esta influencia es mayor.
Es por ello que debemos prestar especial atención al diseño y elementos de los entornos habitados donde se desarrollan y crecen niños, porque la responsabilidad de la arquitectura y de los elementos constructivos es extremadamente substancial y va a ser determinante para un desarrollo saludable y en armonía.
Los espacios que habitan los niños
Los espacios saludables son esenciales para el crecimiento y bienestar infantil. Existen estrechos vínculos entre el mundo físico en el que viven los más pequeños, su calidad de vida y el bienestar del que disfrutan.
Los hogares en los que habitan, el agua que beben, el aire que respiran, el tráfico que circula por las calles y las condiciones de sus centros de preescolar y vecindarios influyen directamente en su evolución y desarrollo físico, emocional y cognitivo.
Reconocer los efectos del ambiente en que los niños se encuentran es crucial para comprender su desarrollo. El ambiente físico no solo representa el contexto donde crecen, sino que es una condición previa para su bienestar y está profundamente ligado a su proceso de crecimiento, adquisición de habilidades e identidad.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), todos los niños tienen derecho a vivir, aprender y jugar en entornos que favorezcan su desarrollo integral. La calidad de estos ambientes, desde los hogares hasta los centros educativos y recreativos, influye directamente en su salud física, emocional y cognitiva, desempeñando un papel crucial en su desarrollo. [1]
La arquitectura tiene la capacidad de influir positivamente en el desarrollo psicomotriz de los niños, al crear espacios que no solo sean seguros, sino que también estimulen el movimiento, la exploración y el aprendizaje activo. Elementos como la disposición de áreas para el juego, la incorporación de texturas y materiales accesibles, así como la organización del espacio, son fundamentales para favorecer un crecimiento saludable.
Además de su impacto en el desarrollo físico, el entorno también afecta la salud emocional y cognitiva de los niños. Aspectos como la calidad del aire, el acceso a agua limpia, la seguridad en el diseño y la conexión con la naturaleza son determinantes para su bienestar. La arquitectura debe adaptarse a estas necesidades, promoviendo entornos que ofrezcan flexibilidad, estimulación y respeto por el medio ambiente.
Este artículo analiza, en primer lugar, cómo el diseño arquitectónico puede influir en el desarrollo psicomotriz de los niños y, en segundo lugar, cómo el entorno físico afecta su salud integral, considerando tanto los aspectos emocionales como cognitivos.
Desde los hogares hasta los espacios públicos, la arquitectura tiene el desafío de crear entornos que acompañen y potencien el desarrollo infantil en todas sus dimensiones.

Cómo la arquitectura puede influir positivamente en el desarrollo psicomotriz
La calidad del entorno en el que los niños crecen tiene un impacto profundo en su bienestar general. Los niños nacen en un mundo material que inevitablemente determina el resto de sus vidas. No es lo mismo si un niño crece en un hogar confortable, en una ciudad donde los servicios funcionan correctamente, en un asentamiento urbano no planificado o en una vivienda que no cumple las condiciones mínimas de habitabilidad.
La arquitectura puede favorecer un desarrollo psicomotriz, social, cognitivo y afectivo equilibrado. A través de elementos como una buena ventilación, acceso a agua limpia, seguridad en el diseño y espacios recreativos adecuados, se pueden prevenir problemas de salud y promover un crecimiento positivo en todas las áreas de desarrollo. [2]
Ámbito psicomotor
El diseño arquitectónico de los espacios infantiles juega un papel fundamental en el desarrollo psicomotor. La disposición de áreas abiertas, seguras y estimulantes favorece el movimiento, la exploración y el control corporal. A través del juego, los niños adquieren habilidades como el equilibrio, la coordinación y la marcha, esenciales en sus primeros años de vida.
De hecho, cuando un niño que empieza a andar es libre de explorar un entorno estimulante, puede tener lugar un aprendizaje enriquecedor, mientras que los riesgos del tráfico callejero pueden restringir su posibilidad de acceder al juego y al contacto con sus amigos. Además, la incorporación de elementos lúdicos que permitan la libre movilidad ayuda a que los niños descubran el entorno de manera autónoma, fortaleciendo sus músculos y promoviendo la maduración motriz.
Ámbito SOCIAL
El entorno arquitectónico también facilita el desarrollo social de los niños. En espacios donde los adultos refuerzan interacciones y los niños pueden observar y participar en juegos colectivos, se promueve la construcción de relaciones sociales.
A partir de los 2 años, los niños comienzan a ampliar sus contactos sociales. En los primeros momentos, su juego suele ser individual y egocéntrico, pero, a medida que crecen, alrededor de los 6 años, comienzan a desarrollar habilidades sociales más maduras.
Las características físicas del entorno también determinan las reacciones de los adultos; por ejemplo, la estrechez de los espacios hogareños puede frustrar las actividades de los niños y dar como resultado la aplicación de una disciplina más restrictiva. La arquitectura puede contribuir creando entornos que favorezcan el juego grupal y la cooperación, lo que facilita el desarrollo de habilidades de interacción y comunicación.

Ámbito COGNITIVO
El desarrollo cognitivo está directamente influenciado por el entorno en el que los niños interactúan. Las oportunidades para el desarrollo de los niños aumentan gracias a las prestaciones de su entorno físico y disminuyen cuando éstas faltan. Espacios bien diseñados, que incorporen áreas de exploración y aprendizaje, ayudan a construir esquemas mentales desde una edad temprana.
A través del juego simbólico y el dominio del lenguaje, que comienza a desarrollarse a partir de los 2 años, los niños integran conceptos abstractos que forman la base de su conocimiento. La arquitectura que integra elementos visuales y táctiles estimulantes permite a los niños interactuar con su entorno de forma más rica, fomentando el desarrollo de sus habilidades cognitivas.
Ámbito AFECTIVO
El desarrollo afectivo es crucial en la infancia, ya que influye en el equilibrio emocional de los niños a lo largo de su vida. Los espacios arquitectónicos pueden contribuir a un ambiente emocionalmente seguro y estimulante, donde los niños establezcan vínculos afectivos con su entorno y las personas que los rodean.
Las relaciones e interacciones sociales afectuosas y sensibles son de importancia vital para el desarrollo de todo niño, pero también son importantes los lugares.
A través del juego, los niños desarrollan relaciones emocionales y exploran nuevas experiencias que les permiten entender y gestionar sus emociones. Un entorno lúdico y acogedor, en el que los niños se sientan seguros, fomenta el desarrollo afectivo positivo, contribuyendo a una personalidad equilibrada. [3]
Principales riesgos para la salud de la infancia
El cambio climático, la contaminación del aire y otros factores ambientales representan amenazas significativas para la salud infantil. La exposición a contaminantes, tanto en interiores como en exteriores, provoca millones de muertes al año, y los niños son particularmente vulnerables. Los estudios señalan que la contaminación puede causar daños en el sistema respiratorio, afectar la función cerebral y el desarrollo cognitivo y aumentar el riesgo de enfermedades crónicas como la obesidad y la diabetes. La arquitectura debe desempeñar un papel crucial en la mitigación de estos riesgos, no solo cumpliendo con los estándares ambientales actuales, sino también creando soluciones innovadoras que minimicen la huella de carbono y protejan a los niños de estos peligros. [4]
La integración de medidas como la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero en los entornos urbanos y la creación de espacios que favorezcan la actividad física sin riesgos son esenciales para contrarrestar los efectos del cambio climático. Además, es necesario implementar estrategias arquitectónicas que prioricen la salud y bienestar de los niños, como la creación de zonas verdes que actúen como barreras frente a la contaminación y el uso de materiales ecológicos en la construcción de escuelas, parques y viviendas. [5]

Importancia del entorno físico en la salud infantil
El entorno en el que los niños viven, juegan y aprenden desempeña un impacto profundo en su salud integral y bienestar. Estos espacios para niños no solo influyen en su desarrollo físico, sino también su salud. Por lo tanto, un buen diseño debe garantizar que los materiales, tejidos, pinturas, la iluminación, y demás elementos que los conforman promuevan un ambiente saludable y seguro para los más pequeños.
Pero qué sucede si esos espacios no cumplen con estas condiciones? Un espacio que no tenga en cuenta estos aspectos puede exponer a los niños a una serie de riesgos invisibles, como la mala calidad del aire, presencia de tóxicos en el ambiente, contaminación biológica y electromagnética, y condiciones inapropiadas de temperatura y humedad.
Estos factores pueden tener un efecto directo en la salud física, mental y emocional de los niños, cuyo organismo en desarrollo es mucho más sensible a los estímulos y afectaciones del entorno. [6]
A continuación, recopilamos los aspectos esenciales que deben considerarse al diseñar espacios para niños, así como la importancia de cada uno de ellos:
Humedad
El exceso de humedad relativa es uno de los principales desencadenantes ambientales que pueden provocar o agravar el asma infantil y otras afecciones respiratorias.
Mantener niveles adecuados de humedad en los espacios donde los niños pasan su tiempo es crucial para prevenir estos problemas.
El rango óptimo de humedad relativa debe mantenerse alrededor del 50%, ya que una humedad más alta favorece el crecimiento de moho, ácaros del polvo y otros alérgenos, que son factores de riesgo para el asma y las alergias.
Una humedad excesiva promueve la proliferación de microorganismos que liberan esporas y partículas en el aire, las cuales pueden ser inhaladas por los niños y desencadenar reacciones asmáticas.
Por otro lado, una humedad demasiado baja reseca las vías respiratorias, aumentando la susceptibilidad a infecciones virales y exacerbando síntomas asmáticos.
Cuando ponemos en marcha la calefacción o el aire acondicionado, los ambientes tienden a resecarse en exceso, es por ello que mantener temperaturas de confort relativamente estables entorno a los 20-26 grados sin climatización y recurrir a sistemas sencillos como jerséis y nórdicos en invierno o ventiladores y corrientes de aire naturales en verano son opciones mucho más saludables que contribuyen a generar una temperatura de confort sin reducir la humedad ambiental exponiendo las defensas de los organismos de los más pequeños.
El uso excesivo de aire acondicionado puede reducir significativamente la humedad relativa del ambiente, lo que lleva a la resequedad de las mucosas de los niños. Esto debilita sus defensas naturales, haciéndolos más vulnerables a infecciones respiratorias, alergias y problemas de piel.
Para combatir estos efectos, es importante utilizar materiales higroscópicos, que pueden absorber y liberar humedad, ayudando a mantener el equilibrio natural del ambiente. Esto no solo contribuye a un ambiente más cómodo, sino que también protege el bienestar respiratorio de los niños al crear entornos más saludables. [7]
Temperatura
La temperatura en los espacios donde los niños pasan su tiempo juega un papel crucial en su bienestar y desarrollo.
Los niños son más sensibles a las variaciones de temperatura que los adultos, ya que su capacidad para regular la temperatura corporal aún está en desarrollo. Por lo tanto, es esencial mantener una temperatura ambiente adecuada, idealmente entre 20 y 22 ºC, para favorecer su comodidad y salud.
Un ambiente demasiado caliente puede provocar deshidratación, fatiga y dificultad para concentrarse, mientras que un espacio demasiado frío puede afectar su sistema inmunológico y aumentar el riesgo de enfermedades respiratorias.
En este sentido, las estrategias pasivas en el diseño de espacios sanos para niños como un elevado aislamiento y una elevada inercia térmica ayudan a mantener una temperatura estable, evitando cambios bruscos.
Además, los niños suelen pasar mucho tiempo en el suelo, por lo que resulta interesante priorizar este contacto con materiales cálidos al tacto o textiles naturales que mejoran la sensación de confort sin emitir tóxicos al ambiente.

Ventilación
La ventilación desempeña un papel crucial en la regulación térmica de los espacios destinados a los niños. La sensación térmica en un ambiente depende de tres factores fundamentales: la temperatura, la humedad y la velocidad del aire en movimiento. Un flujo adecuado de aire puede contribuir a mantener una sensación de confort térmico sin necesidad de recurrir a sistemas artificiales de climatización que, a menudo, resultan perjudiciales para la salud.
En lugar de depender de sistemas activos, es preferible optar por métodos de ventilación natural como la ventilación cruzada, que ayudan a mantener un equilibrio saludable entre la temperatura y la humedad, favoreciendo así la salud de los pequeños y evitando posibles complicaciones a largo plazo.
Renovación de aire
Para asegurar un ambiente saludable en los espacios donde los niños juegan, aprenden y descansan, es fundamental mantener una calidad óptima del aire interior.
Utilizar un medidor de CO2 proporciona una indicación precisa sobre la ventilación del espacio y la calidad del aire, permitiendo activar sistemas mecánicos con filtros de alta calidad cuando los niveles de CO2 superan los límites recomendados o bien ventilando de forma manual mediante la apertura de ventanas o puertas cada ciertas horas.
La concentración de partículas de CO2 en el exterior ronda a día de hoy los 430 ppm (datos de la NASA actualizados con incremento anual como consecuencia del cambio climático), así, en el interior de nuestros hogares consideramos una renovación de aire óptima cuando el CO2 se sitúe próximo a los niveles del exterior de 430 ppm. Si bien, se considera que un ambiente es saludable aproximadamente de 800 ppm, por encima de esta concentración sería necesario iniciar una ventilación para renovar aire y recuperar oxigeno necesario para vivir en condiciones saludables.
Presencia de tóxicos
Reducir los niveles de dióxido de carbono, compuestos orgánicos volátiles (COV) y otras sustancias tóxicas es esencial para garantizar la salud en los espacios donde los niños juegan, aprenden y descansan. Los niños son particularmente vulnerables a la exposición a estos contaminantes, ya que su organismo en desarrollo puede verse afectado de manera más severa que el de los adultos.
Este aspecto suele estar directamente relacionado con los acabados utilizados en los espacios infantiles.
Es recomendable optar por pinturas o revocos ecológicos, que son higroscópicos y permiten que las paredes respiren adecuadamente.
Asimismo, es fundamental tener en cuenta que muchos tejidos como pueden ser las alfombras suelen incorporar sustancias tóxicas que pueden liberar compuestos perjudiciales en el ambiente.
Elegir materiales naturales y no tratados para muebles, textiles y decoración ayudará a crear un entorno más saludable y seguro para los niños. [8]

Uso de materiales
Los niños tienen un contacto directo y constante con los materiales en su entorno, a menudo llevándose objetos a la boca y explorando su espacio a través del tacto.
Por lo tanto, es crucial seleccionar materiales que sean naturales, de baja huella ecológica y que eviten la liberación de compuestos orgánicos volátiles (COV) y otras sustancias tóxicas. Para ello, es fundamental priorizar los biomateriales en la construcción, así como optar por dejar los materiales en su estado natural siempre que sea posible, evitando acabados innecesarios.
Esto también se aplica al mobiliario: es preferible utilizar madera sin barnices ni pinturas, así como juguetes. La elección de juguetes debe centrarse en evitar totalmente los plásticos, ya que estos pueden contener aditivos y sustancias químicas perjudiciales que generan exposición a través de la inhalación, la ingestión y el contacto dérmico.
La salud de los espacios en los que viven y crecen los niños está íntimamente relacionada con la salud de las personas y el medio ambiente, subrayando la importancia de crear entornos que promuevan el bienestar a todos los niveles.
Mobiliario ergonómico
El mobiliario en espacios infantiles debe ser funcional e inspirador, adaptándose a las necesidades específicas de los niños. La ergonomía es crucial, con muebles diseñados para su tamaño y necesidades, garantizando comodidad y fomentando el desarrollo físico y creativo. Un enfoque notable es el Montessori, que promueve la independencia a través de camas bajas y mobiliario de juego en forma de casita, aprovechando la tendencia natural de los niños a crear espacios acogedores.
Además, la seguridad es primordial: los muebles deben estar hechos de materiales no tóxicos y ser libres de bordes afilados, con dimensiones adecuadas para la escala infantil. Incorporar medidas de seguridad, como barandillas en las escaleras y protectores de enchufes, es esencial para reducir riesgos. La accesibilidad universal y el diseño funcional aseguran que los espacios sean seguros y estimulantes para todos los niños.

Conexión con la naturaleza
La incorporación de vegetación en los espacios donde los niños juegan y aprenden tiene múltiples beneficios, como la purificación del aire, la regulación de la temperatura y la humedad, y la reducción de la contaminación acústica, promoviendo un entorno físico más saludable. Además, el contacto con la naturaleza se ha demostrado que mejora la concentración, reduce el estrés y fomenta un estado de ánimo positivo. La presencia de espacios verdes es fundamental para el bienestar infantil, ya que incentiva el juego al aire libre y la actividad física, contribuyendo así al desarrollo físico y emocional de los niños.
Fomentar la conexión con la naturaleza también ofrece un refugio ante los ruidos y tensiones del entorno urbano, lo que contribuye a una mejor calidad de vida. Este concepto se alinea con la biofilia, la idea de que los seres humanos tienen una conexión innata con la naturaleza y que el contacto con ella es esencial para nuestro bienestar.
Elementos emocionales
La neuroarquitectura estudia cómo los entornos construidos afectan la mente y el comportamiento humano, resaltando la importancia de diseñar espacios que no solo sean funcionales, sino que también promuevan el bienestar emocional y cognitivo de los niños.
La elección de colores y diseños en los espacios infantiles desempeña un papel crucial en su bienestar emocional. Utilizar tonos suaves y naturales puede resultar más relajante y evitar la sobrecarga del ambiente, creando así un entorno estimulante pero equilibrado. Además, es esencial contar con áreas donde los niños puedan expresar su individualidad y sentirse cómodos, como espacios para explorar su creatividad y desarrollar su autoexpresión.
La sensación de seguridad y el sentido de pertenencia son necesidades humanas básicas que se ven amenazadas por condiciones de vida inadecuadas, adquiriendo especial relevancia durante la infancia. Espacios que fomentan la interacción social y reducen el estrés psicológico son fundamentales para contribuir a la salud integral de los niños.
Estos elementos no solo ayudan a construir un entorno más saludable, sino que también fortalecen su desarrollo emocional y social a lo largo de su crecimiento.
El diseño de espacios arquitectónicos que promuevan la salud infantil debe considerar la calidad del aire, el acceso a agua limpia, la seguridad y la promoción de actividades recreativas. La sensación de seguridad y pertenencia, influenciada por la estabilidad habitacional y la calidad del entorno, es crucial para el bienestar de los niños.
Abordar estos aspectos a través de opciones efectivas y prácticas de diseño cuidadoso puede crear entornos que no solo promuevan la salud física, sino que también apoyen el desarrollo emocional y social de los más pequeños.
La colaboración entre diseñadores, políticas públicas y comunidades es esencial para construir un futuro saludable para todos los niños.
BIBLIOGRAFÍA
- Nuevas amenazas para la salud de los niños y los adolescentes OMS, 2020
- El juego infantil en un mundo de cambio INFAD revista de psicología, 2011
- L’exposició a la contaminació durant els primers anys pot afectar al desenvolupament cerebral Betevé, 2024
- Air pollution, white matter microstructure, and brain volumes: Periods of susceptibility from pregnancy to preadolescence Environmental Pollution, 2022
- Los primeros 1.000 días: Hábitos para un embarazo, una infancia y una vida saludables Elena Codina y Elisabet Silvestre, 2024
- Damp housing and childhood asthma; respiratory effects of indoor air temperature and relative humidity D P Strachan, C H Sanders, 2018
- Detoxing Carpets: pathways towards safe and recyclable carpet in a truly circular economy Changing Markets Foundation, 2018