Sostenibilidad y resiliencia

Certificaciones en edificación

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Las certificaciones en edificación se han convertido en un recurso esencial para garantizar la calidad técnica y el impacto mínimo en el entorno y las personas. Pero ¿es posible establecer una certificación estándar y unificada obligatoria dentro de la Unión Europea?
Publicado el 04 febrero 2022
Certificaciones en edificación

En el año 1988 los profesores Bo Adamson de la Lund University, Suecia, y Wolfgang Feist del Instituto de Vivienda y Medio Ambiente de Alemania, se unieron para definir un nuevo tipo de vivienda basado en elevados estándares de eficiencia energética, dos años más tarde se certificaba la primera construcción Passivhaus, una vivienda que no solo aprovechaba el diseño bioclimático para reducir el consumo de energía sino que disponía de elevados estándares de aislamiento, estanqueidad y control de la temperatura interior. En base a estos estándares, este grupo de profesores establecieron el Passivhaus Institute.

Passivhaus fue una de las muchas iniciativas que surgieron en todo el mundo a finales de los años 80 y principios de los 90 con el objetivo de iniciar una evaluación de la calidad del entorno construido a nivel de sostenibilidad, eficiencia y bienestar dada la creciente preocupación por temas como el cambio climático, la contaminación o el agotamiento de los recursos planetarios.

Las certificaciones privadas de edificios nacieron mucho antes de que se iniciase la redacción de las primeras normativas estatales en materia de eficiencia energética que han llegado 20 o 30 años más tarde y que a día de hoy todavía no contemplan muchos criterios esenciales que ya se recogen en la mayoría de certificaciones privadas sobre todo en relación al impacto del entorno construido sobre la sostenibilidad del planeta y el bienestar de las personas.

Las últimas normativas europeas de obligado cumplimiento que cada país ha elaborado en base a sus propios criterios recogen principalmente condicionantes en términos de eficiencia energética. En Europa, la construcción de los denominados Edificios NZEB – Edificios de consumo Energético Casi Nulo-, es de obligado cumplimiento desde 2018 para edificios públicos y desde 2020 para edificios privados. [1]

Sin embargo, en la inmensa mayoría de los casos las normativas de construcción no tienen en cuenta criterios de impacto ecológico, social o de salud que ya se recogen desde hace años en las principales certificaciones privadas y que conforman los denominados edificios NZIB – Edificios de Impacto Nulo.

Tras más de 40 años de recorrido, las certificaciones se han convertido en un recurso esencial para garantizar la calidad técnica de una construcción y su mínimo impacto en el entorno y las personas. Las certificaciones de edificios no son solo una garantía que muchos promotores o instituciones exigen a los arquitectos y constructores de edificios, si no que en algunos países se están introduciendo como requisito para obtener licencias de construcción.

Andorra, por ejemplo, estableció en el año 2020 el obligado cumplimiento de la certificación privada Passivhaus para todos los edificios de obra nueva y en Estados Unidos hay muchos estudios que establecen como requisito la certificación LEED a sus arquitectos para poder ser contratados. Son sólo algunos ejemplos de casos en los que se ha establecido como requerimiento obligatorio el disponer de una certificación privada.

 

Sin embargo, las certificaciones privadas presentan una serie de problemáticas:

 

1 Disparidad de criterios

Sin duda, certificar una construcción garantiza que se van a cumplir estrictos criterios de eficiencia, sostenibilidad y salud, pero no todas las certificaciones establecen los mismos requisitos o tienen en cuenta todos los impactos sobre el entorno construido.

Conceptos como el carbono incorporado, el impacto sobre los ecosistemas terrestres y acuáticos, aspectos sociales o criterios de salud del ambiente interior, pueden aparecer o no según el origen de la certificación y disponen de ponderaciones muy variadas.

 

2 Elevado número de certificaciones

Además, la cantidad de sellos disponibles se ha multiplicado en los últimos años con la aparición de todo tipo de certificaciones locales, regionales, nacionales, tanto públicos como privados con enorme disparidad de criterios que complican extremadamente al promotor la elección de una certificación.

 

3 Origen privado

Por último, las certificaciones son en su mayoría de origen privado y, salvo algunas excepciones como el caso de Andorra, certificar es un proceso voluntario, algo que unido a la gran cantidad de certificaciones disponibles, así como a su elevado coste, desincentiva su uso especialmente en el caso de vivienda privada tanto en obra nueva como en rehabilitación.

El hecho de que la mayoría de certificaciones hayan sido desarrolladas por entidades privadas, dificulta su vinculación con legisladores estatales a la hora de ser incorporadas en normativas públicas.

Un estudio enfocado a unificar y estandarizar las certificaciones

 

En base a esta problemática, la Unión Europea desarrolló en el año 2014 un estudio que tenía el objetivo de encontrar un sistema unitario de certificación de edificios que pudiera establecerse como guía para construcciones no residenciales y de promoción pública. El estudio fue desarrollado por la consultoría Triple y se titula Market study for a voluntary common European Union certification scheme for the energy performance of non-residential buildings. [2]

El documento persigue el objetivo de implementar una certificación única para la Unión Europea así como encontrar opciones de mejora y estandarización de los certificados de eficiencia energética en términos de coherencia, confiabilidad, utilidad, facilidad de acceso y precisión.

 

El estudio en detalle

El documento establece un ranking de las 22 certificaciones principales a nivel mundial y sigue un esquema de clasificación en 3 grupos: High market success, Medium market success y Low market success.

La principal diferencia entre las distintas certificaciones analizadas son los criterios energéticos y de impacto del entorno construido que tienen en cuenta, así como peso que dan a cada uno de los mismos.

Además, cada región establece unos criterios según su zona climática y cultura local, lo que da como resultado sistemas de calificación diseñados ser aplicados en una ubicación concreta.

Algunos sistemas también otorgan créditos por el cumplimiento de las regulaciones de construcción. Esto dificulta la evaluación o la comparación entre esquemas, ya que sus líneas de base, alcance e indicadores difieren.

En este artículo, nos centraremos en analizar las certificaciones del primer grupo por su relevancia y reconocimiento y añadiremos VERDE en España que es la más destacada en nuestro país y WELL en EEUU por su enfoque hacia una de las preocupaciones crecientes especialmente tras la pandemia mundial de covid, como es la salud y el bienestar de los usuarios.

¿Qué es una certificación?

 

Una certificación se denomina técnicamente BEAM, es decir Método de Evaluación Ambiental de Edificios (Building Environmental Assessment Method) y sirve para evaluar el desempeño ambiental de un edificio contra un conjunto explícito de criterios. Se puede utilizar en diferentes tipos de edificios: nuevos, existentes o residenciales y no residenciales; para cubrir diferentes fases del ciclo de viva del edificio, diseño, construcción, finalización o uso; y abordar diferentes criterios, sólo energéticos o esquemas más holísticos de sostenibilidad.

 

LEED en EEUU

 

La certificación LEED fue desarrollada por el US Green Building Council en 1993, el GBC más antiguo de todo el mundo, una organización privada sin ánimo de lucro cada vez más influyente cuyo objetivo consiste en promover la sostenibilidad en el diseño, la construcción y la fase operativa de los edificios.

El nombre LEED responde al acrónimo de Leadership in Energy and Environment Design, es decir liderazgo en diseño energético y medioambiental. Se trata de una certificación prevalente a nivel internacional que ha sido empleada en más de 30 países, más allá de los EEUU y que en 2014 había certificado más de 7.000 proyectos o lo equivalente a 140 km2 de suelo construido.

El sistema LEED comprende 21 adaptaciones a distintos tipos de construcciones diseñadas para abarcar las necesidades de una gran variedad de sectores del mercado. Así, las principales categorías distinguen entre nuevas construcciones o reformas integrales a las que llama ‘core & shell’, pero también cubriendo una amplia gama de tipos de edificios, desde residenciales hasta no residenciales, donde se tienen en cuenta principalmente usos como escuelas, retail, centros de datos, almacenes y centros de distribución, hospitales y cuidado de la salud. [3]

Las distintas categorías que analiza y para las cuales establece requisitos esta calificación de sostenibilidad son las siguientes:

 

– Proceso integrador

– Ubicación y transporte

– Emplazamientos sostenibles

– Eficiencia del agua

– Energía y atmósfera

– Materiales y recursos

– Calidad ambiental interior

– Innovación

– Prioridad regional

El sistema de valoración se basa en una etiqueta comparativa, que suma una serie de créditos que se obtienen del análisis positivo de ciertas características dentro de cada categoría, poniendo el foco principal en la energía y la ecología. La documentación debe enviarse para ser verificada después de la fase de diseño y nuevamente durante la fase de construcción, para comprobar que el proyecto ha sido ejecutado siguiendo los estándares declarados.

Para ello, LEED redacta una guía de referencia diseñada para desarrollar los proyectos conjuntamente con el sistema de clasificación, sirviendo como una hoja de ruta que describe los pasos a cumplir, ofrece consejos sobre las mejores prácticas y ejemplos de aplicación general.

Para cada categoría establecida se analiza la sostenibilidad y los factores de mercado específicos de ésta. Al estándar máximo se le denomina rendimiento ejemplar y se trata de aquél que identifica el umbral máximo que se debe pretender alcanzar en caso de ser posible.

Siguiendo su voluntad internacional, la guía establece una sección de consejos internacionales para determinar la equivalencia con los estándares de EEUU con el uso de estándares de fuera de su país de origen. En determinadas situaciones, especifican una serie de equivalentes locales, una alternativa a los estándares de referencia LEED específicos para la localidad de un proyecto que conducen a resultados similares o mejores.

Para conseguir una aplicación correcta de la certificación mediante un proceso integrador el sistema distingue tres fases: descubrimiento, diseño y construcción y fase operacional. Insiste en que la fase de descubrimiento es siempre la más importante del proceso, ya que es poco probable que un proyecto cumpla con sus objetivos ambientales de manera rentable sin un análisis de los recursos naturales disponibles en la zona, siguiendo los principios de la arquitectura bioclimática.

En la fase de implementación o diseño y construcción se inicia un diseño esquemático que integra todo el trabajo previo de comprensión colectiva de las interacciones del sistema con su entorno, alcanzadas durante la fase de descubrimiento o prediseño. Finalmente, poner el foco en la fase operacional es indispensable para medir el impacto del uso del edificio y crear mecanismos de retroalimentación o identificar la necesidad de cualquier acción correctiva.

 

Fachada de casa pasiva en Pedrezuela

BREEAM en Inglaterra

 

La certificación BREEAM es la más antigua existente, fue desarrollada por el BRE, Building Research Establishment en 1988, cuando todavía se trataba de un centro público de ciencia de la construcción del gobierno inglés, antes de ser privatizado en 1997. BRE proporciona investigación, asesoramiento, capacitación, pruebas, certificación y estándares para organizaciones del sector público y privado en el Reino Unido y en el extranjero.

Se trata de una certificación que se erige como la líder del mercado europeo, ya que representa más del 80% de todas las certificaciones de edificios comerciales sostenibles en Europa, con más de 250.000 edificios certificados. [4]

Está presente en más de 50 países que consta de 8 operadores de esquemas nacionales (National Scheme Operators), entre ellos Inglaterra, España, Países Bajos, Noruega, Suecia y Alemania. BREEAM ES, en España, es operado por el  Instituto Tecnológico de Galicia (ITG), una fundación privada sin ánimo de lucro que es el organismo certificador exclusivo en España desde el año 2010.

BREEAM tiene la mayor aceptación de la UE en un esquema voluntario de certificación ambiental para edificios no domésticos y se utiliza principalmente para edificios nuevos. Los clientes que lo eligen quieren los beneficios de mejora de la imagen y la marca, así como el ahorro energético y medioambiental. Hay una versión «en uso» disponible, pero no se usa mucho.

Al tratarse del esquema más antiguo, significa a su vez que ha tenido más tiempo de desarrollo, a través de una combinación de versiones específicas y una versión genérica con ambición de carácter internacional. Originalmente estaba enfocado para edificios de oficinas, pero ha desarrollado variantes para edificios en los ámbitos de la educación, industria, comercio, sanidad, tribunales y prisiones. La adaptación de BREEAM en España establece cinco esquemas distintos de certificación: para edificios de nueva construcción no residenciales, vivienda y urbanismo, edificios existentes (solo no residenciales) o una versión a medida; pese a que se utiliza principalmente para edificios nuevos. [5]

Todos estos esquemas evalúan la sostenibilidad de la edificación de acuerdo a diez categorías, cada una de ellas compuesta por un determinado número de requisitos establecidos en una serie de Manuales Técnicos con una checklist final que permite establecer una puntuación comparativa. [6]

Esquema del Manual Técnico BREEAM ES Vivienda:

 

1. GESTIÓN: gestión de proyecto; coste del ciclo de vida y planificación de la vida útil; prácticas de consumo responsable; puesta en servicio y entrega; seguimiento postocupación.

 

2.SALUD Y BIENESTAR: confort visual; calidad del aire interior; confort térmico; eficiencia acústica; accesibilidad; peligros naturales; espacio recreativo; calidad del agua; tratamiento sostenible de agua en piscinas; seguridad; viviendas inteligentes.

 

3. ENERGÍA: eficiencia energética; iluminación externa; diseño bajo en carbono; sistemas de transporte energéticamente eficientes; equipos energéticamente eficientes; espacio de secado.

 

4. TRANSPORTE: accesibilidad al transporte público; proximidad a los servicios; modos de transporte alternativos; plan de movilidad; oficina en casa.

 

5. AGUA: consumo de agua; detección y prevención de fugas de agua; equipos eficientes de agua (reutilización y reciclaje de agua).

 

6. MATERIALES: impactos del ciclo de vida; aprovisionamiento responsable de productos de construcción; diseño orientado a la durabilidad y resiliencia; eficiencia de los materiales.

 

7. RESIDUOS: gestión de residuos de construcción y demolición; áridos reciclados; gestión de residuos domésticos; adaptación al cambio climático.

 

8. USO DEL SUELO Y ECOLOGÍA: selección del emplazamiento; valor ecológico del emplazamiento y protección de los elementos con valor ecológico; mejora de la ecología del emplazamiento; impacto a largo plazo sobre la biodiversidad; control de erosión.

 

9. CONTAMINACIÓN: impacto de los refrigerantes; emisiones de NOx locales; aguas superficiales de escorrentía; atenuación de ruidos.

 

10. INNOVACIÓN: herramienta fundamental para conseguir niveles cada vez más altos de sostenibilidad ambiental.

Siguiendo este esquema comparativo, se obtiene una puntuación final, que será ponderada en función de las versiones nacionales, por ejemplo el agua se puntuará más en climas secos. Según el resultado final, el edificio se clasifica en el siguiente ranking: Pass, Good, Very Good, Excellent y Outstanding, que en esquemas internacionales puede traducirse en de 1 a 5 estrellas.

Con todo, BREEAM pone el peso en diferentes aspectos: los más habituales como la ecología y la energía, pero también criterios que cada vez adquieren mayor relevancia como son la salud y el confort de quienes viven, trabajan o utilizan el edificio y el proceso de diseño y gestión, tanto del proceso de proyecto como su construcción, fase de uso y derribo.

 

DGNB en Alemania

 

El German Sustainable Building Council, una asociación sin ánimo de lucro fundada en 2007 en Alemania, desarrolló dos años más tarde la certificación DGNB.

Se trata de un sistema de certificación que en 2019 se encontraba ya presente en más de 40 países del mundo, con más de 5.000 edificios certificados y 4.000 expertos cualificados, según datos del Green Building Council España, que se convierte ese mismo año en socio oficial del sistema y actúa como organismo de certificación para proyectos DGNB en España. [7]

La implementación del sistema DGNB System en cada país requiere la adaptación a las condiciones específicas del mismo. Por ello, el GBCe se encarga de la adaptación de esta certificación alemana al mercado español, considerando las particularidades climáticas, normativas, económicas y culturales del país.

DGNB ofrece una herramienta de planificación y optimización para evaluar edificios y distritos urbanos sostenibles, distinguiendo hasta 13 tipos de edificios diferentes. Dentro de los nuevos edificios residenciales, establece un sistema de certificación para los bloques de apartamentos, así como un sistema para los nuevos edificios residenciales pequeños de menos de 6 unidades o las viviendas unifamiliares. Sin embargo, no dispone actualmente de un sistema para edificios residenciales existentes, puesto que se enfoca en la certificación de edificios comerciales, sobre los cuales inició un nuevo sistema para edificios existentes en 2013 ya que considera que la certificación del parque existente es donde más se puede influir en el uso de la energía.

Este esquema se basa en el concepto de sostenibilidad holística, poniendo igual énfasis en el medio ambiente, las personas y la viabilidad comercial, a los cuales da un peso equivalente del 22,5%, pero también analiza el impacto en el ciclo de vida del edificio de la calidad técnica (15%), de procesos (12,5%) y del emplazamiento (5%). [8]

 

En resumen, considera las siguientes cuestiones clave para definir el concepto de sostenibilidad:

 

– Poner las personas en el centro

– Promover la economía circular

– Considerar una calidad del diseño integral

– Apoyar los Objetivos del Desarrollo Sostenible

– Proteger el clima

– Fomentar la innovación

Así, establece 50 criterios cuantificables que estructura bajo los capítulos:

 

– Calidad ambiental: impacto sobre el entorno local y global, consumo de recursos, generación de residuos

– Calidad económica: coste del ciclo de vida, incremento de valor

– Aspectos socioculturales y funcionales: salud, confort y adaptación al usuario, funcionalidad

– Calidad técnica: protocolos de calidad técnica, movilidad

– Calidad del proceso: protocolos de gestión y producción

– Calidad del emplazamiento: acceso a servicios de proximidad, conectividad, transporte

El sistema DGNB Pondera los criterios en función del tipo de edificio, clasificación basada mayoritariamente en su uso: administrativo, educacional, residencial, hotelero, pequeño comercio, centros comerciales, locales comerciales, logística, productivos y centros de reuniones. La evaluación se realiza calculando un índice de rendimiento a partir del valor de cada una de las seis áreas. Finalmente, en función de los niveles de cumplimiento se establecen distintos reconocimientos: DGNB Platino (> 65%), Oro (> 50%) y Plata (>35%).

 

PassivHaus en Alemania

 

Junto a DGNB, la certificación Passivhaus también fue creada en Alemania y ambos sistemas tienen una amplia aceptación en su país de origen.

Su desarrollador fue el Passivhaus Institut en 1988, por lo que se trata junto a BREEAM de las certificaciones más antiguas. Actualmente se encuentra presente en más de 15 países y ha calificado más de 30.000 edificios. De hecho, existe una base de datos llamada Passive House Database, que permite filtrar y descubrir en un plano todos los edificios certificados.

Su nombre proviene del concepto de arquitectura pasiva, ampliamente tratado en nuestro apartado Research en artículos como Diseño de una casa Passivhaus y Cómo funciona una casa Passivhaus.

De hecho, el estándar Passivhaus describe los denominados edificios de consumo energético casi nulo (NZEB), sobre los que recientemente en Europa se ha empezado a legislar y cada país ha establecido sus propios límites.

Por ello, siguiendo la diferencia entre los edificios de consumo energético casi nulo (NZEB) y los edificios de impacto casi nulo (NZIB), se trata de una certificación que sólo evalúa el comportamiento energético y no otros criterios propios de la huella ecológica. Sin embargo, un aspecto positivo es que considera las condiciones climáticas locales del emplazamiento del proyecto, estableciendo límites distintos según el país en que nos encontramos.

Para la certificación se evalúan los siguientes cuatro criterios:

 

– Demanda de calefacción

– Refrigeración, incluyendo la deshumidificación

– Demanda de energía primaria que incluye calefacción, refrigeración, agua caliente sanitaria, corriente auxiliar y electricidad doméstica

– Hermeticidad

Se establecen límites cuantificables de demanda de kWh/m2*año en el caso de la calefacción, refrigeración y consumo de energía primaria total, y un máximo de renovaciones de aire por hora (r/h). Estos requisitos mínimos a cumplir en España son 15 kWh/m2*año para demanda de calefacción, 15 kWh/m2*año para refrigeración y 120 kWh/m2*año de demanda de energía primaria. De entre esta energía primaria, en función de cuánta sea producida mediante fuentes renovables, se establecen 3 categorías de certificación: Classic, Plus y Premium. [9]

La evaluación se lleva a cabo a través de una herramienta de cálculo llamada PPHP (Passive House Planning Package), que no se limita a mostrar si el edificio cumple los criterios o no, sino que muestra diferentes valores específicos a optimizar. Así, un proyecto que pretende ser certificado por este sistema debe seguir en primer lugar las estrategias de diseño pasivas propias de este tipo de arquitectura: priorizar el aislamiento térmico, evitar los puentes térmicos, instalar carpinterías de alta calidad, emplear la inercia térmica y asegurar la hermeticidad del edificio.

En segundo lugar, un especialista certificador puede validar el cálculo simplemente en base a los documentos de obra en el caso de la demanda energética. Para el cálculo de estanqueidad al aire del edificio es necesario hacer un test Blower Door una vez finalizada la obra, cuyo resultado debe ser inferior a 0,6 r/h. El esquema de certificación se puede utilizar para edificios nuevos y existentes que cubran edificios residenciales y no residenciales, públicos o privados.

 

Entrada de casa pasiva en Torrelodones

Minergie en Suiza

 

En Suiza, encontramos la certificación Minergie, que se empleó por primera vez en 1994 en dos edificios, pero no se registró la etiqueta hasta 1998. Se encuentra presente en 8 países, siendo sus mercados principales los siguientes países: Francia, Italia, Alemania y EEUU. El estándar Minergie es gestionado por una asociación sin ánimo de lucro, AMI (Minergie Association).

Aunque es un estándar voluntario, cada vez más es exigido por muchos ayuntamientos suizos para sus obras públicas, por promotores grandes y privados que son los que están en primer rango en número de certificaciones.

Minergie distingue entre 13 tipos de edificios diferentes, incluidos edificios residenciales y no residenciales, nuevos y renovados, privados y públicos, pero se utiliza principalmente en el sector residencial. Actualmente cuenta con más de 53.000 edificios registrados.

Se trata de una certificación centrada históricamente en el análisis energético y el confort interior, es decir la salud y el bienestar de los ocupantes. Los suplementos recientes de la etiqueta ahora también cubren la eficiencia energética en materiales, lo que amplía su alcance.

Para garantizar la calidad del aire interior, debido a la alta estanqueidad, Minergie exige una ventilación automatizada. Esta se suele conseguir con una ventilación forzada, aunque existen otros sistemas como extracción sencilla, extractores individuales con bombas de calor u oberturas automatizadas de las ventanas.

El sistema Minergie cuenta con una escala de calificación con distintos sistemas de ponderación:

 

– Minergie Estándar: centra la actividad principal y su norma exige que el consumo energético general no sea superior al 75% del de los edificios medios y que el consumo de combustibles fósiles no supere el 50% del consumo de dichos edificios.

 

– Minergie-P: para exigencias de consumo más elevadas, que se puede considerar el equivalente al estándar Passivhaus. Minergie-P excluye a nivel energético automáticamente cualquier fuente de energía fósil y, como resultado, las instalaciones son eléctricas. Una alternativa es el uso de la biomasa; pero debido a sus gases y partículas finas de la combustión, solo se permite cubrir un 15 kWh/m2*año de la demanda de calefacción con biomasa. Como la meta es la reducción del uso de energía en el global del edificio, también se cuantifica la energía incorporada en los materiales de construcción, es decir la huella ecológica de los materiales. El límite actual está definido en un máximo de 50 kWh/m2*año. [10]

 

– Minergie-A: en caso de autonomía energética

 

– Minergie-ECO

La justificación se realiza a través de un cuestionario en el cual basta contestar de manera afirmativa o negativa, pese a que la medición de la energía incorporada sí que se debe calcular respetando las cantidades de cada material. De los 235 criterios evaluados, deben superarse dos terceras partes para cumplir los requisitos y poder certificar el edificio. Además, algunos criterios tienen un peso especial y su incumplimiento impide alcanzar el estándar.

Por ejemplo, el estándar más estricto, Minergie-ECO, añade requisitos ecológicos como la reciclabilidad, la calidad del aire interior y la protección contra el ruido.

Un criterio de exclusión es la utilización del hormigón reciclado, que exigen que mínimo un 50% de todo el hormigón utilizado tiene que ser reciclado. Otro ejemplo son los productos con disolventes, de los cuales la pintura es la más importante, por lo que ningún producto puede contener más de un 5% de disolventes.

 

HQE en Francia

 

La certificación HQE (High Quality Environmental) fue desarrollada por la Association pour la Haute Qualité Environnementale en 1996 en Francia. Este esquema distingue entre 4 tipos de edificios diferentes, incluyendo residenciales y no residenciales, pero se emplea básicamente en edificios residenciales si comparamos los datos de 2014: 1.200 edificios no residenciales certificados vs 229.000 edificios residenciales certificados. [2]

Esta certificación comenzó como requisito obligatorio para las viviendas sociales, con el fin de obtener apoyo financiero del gobierno. Sin embargo, pese a que en 2005 se convirtió en voluntario para las viviendas sociales, en Francia el 90% de las viviendas sociales y el 40% de las viviendas desarrolladas de forma privada están certificadas por el sistema residencial HQE.

Así, empezó como un esquema de aprobado/fallo, pero debido a las demandas de sus clientes cambiaron a una clasificación siguiendo una escala cuantificable. Actualmente se considera un enfoque híbrido, donde hay un sistema de calificación combinado con una etiqueta de respaldo que se obtiene cumpliendo ciertos requisitos mínimos.

El sistema de ponderación de basa en 14 objetivos de calidad ambiental, estructurados en 4 temas:

 

– Energía: energía

– Medio ambiente: emplazamiento, componentes, sitio de trabajo, agua, residuos y mantenimiento

– Salud: calidad de los espacios, calidad del aire y calidad del agua

– Comodidad: confort higrotérmico, confort acústico, confort visual y confort olfativo

La ponderación se realiza por cada tema, siendo la energía un capítulo en sí mismo: energía, medio ambiente, salud y comodidad. Los 4 temas son igualmente importantes, por lo que no se puede contrarrestar el mal desempeño en uno con un alto desempeño en otro. [11]

El enfoque otorga una estrella para cada nivel de calidad ambiental: HPE, THPE, BBC y BEPOS. HPE (Haute Performance Energétique), alto rendimiento energético con un consumo de energía un 10% menor que el consumo de referencia convencional como lo exige la normativa de construcción francesa. THPE (Tres Haute Performance Energétique) rendimiento energético muy alto con un consumo de energía un 20% menor que este mismo consumo de referencia. BBC (Batiment Basse Consumption) edificio de bajo consumo energético con un consumo de energía que no supere los 50 kWh/m2*año de demanda de energía primaria. Finalmente, BEPOS, también llamado edificio Energy Plus, es aquél que produce más energía de la que consume.

 

Detalle patio de casa pasiva en Villalbilla

Otras certificaciones a tener en cuenta

 

Otras certificaciones que no hemos destacado en este artículo por su menor impacto son las que el report encargado por la Comisión Europea clasifica bajo las etiquetas  de éxito de mercado medio y bajo.

En el medium market success encontramos:

 

Ögni en Austria

DK-DGNB en Dinamarca

CasaClima (KlimaHaus) en Italia

CasaClima Nature en Italia

– Non Domestic Energy Performance Register en Inglaterra

GreenBuliding en Finlandia

Energy Star en EEUU

TQB2010 en Austria

– Gebäudestandard en Austria

Miljöbyggnad en Suecia

 

Low market success contiene:

 

SBTool ICZ en República Checa

VERDE en España

– FEBY12 en Suecia

–  ITACA Protocol en Italia

GPR Gebouw en Países Bajos

GreenCalc+ en Países Bajos

A continuación, hablaremos de dos certificaciones de no tan alto éxito de mercado: VERDE en España y WELL Building Standard en EEUU.

VERDE nos concierne ya que es por el momento la única etiqueta desarrollada en nuestro país, por lo que nos interesará analizar su adaptación a nuestras condiciones climáticas.

Por otra parte, WELL Building Standard es una certificación que en los últimos años está tomando mucha fuerza en el ámbito de la salud especialmente. En una época post Covid, nos encontramos en un momento en el que se empieza a generalizar la idea de que la evaluación de un edificio a nivel medioambiental no viene únicamente determinada por cuestiones de eficiencia, sino que la calidad de vida y salud de sus ocupantes son cuestiones muy relevantes que cada vez preocupan más a los actores involucrados desde promotores hasta usuarios.

VERDE en España

 

La etiqueta VERDE se desarrolla de la mano de la asociación sin ánimo de lucro Green Building Council España en 2002, que más tarde implementará el sistema DGNB en España. VERDE es en realidad una adaptación de LEED al contexto español. Sin embargo, ambos esquemas de certificación coexisten y están liderados por el Green Building Council España.

Se trata de una certificación comparativa a nivel nacional que tiene en cuenta todo el impacto medioambiental. Comenzó desarrollando las herramientas de nueva edificación para usos residencial y de oficinas, y a lo largo de los últimos años ha elaborado un conjunto de herramientas capaz de evaluar la nueva edificación y las intervenciones de rehabilitación en un amplio espectro de usos.

Estructura 46 criterios bajo 7 temas distintos: parcela y emplazamiento (15,6%), energía y atmósfera (22,6%), recursos naturales (23,5%), ambiente interior (7,7%), aspectos sociales (17,1%) y calidad de la edificación (13,5%) – cada uno de estos impactos analizados adquiere un peso distinto, que varía ligeramente en función del tipo de edificio. [12]

Esquema de la guía de evaluación VERDE:

 

1. PARCELA Y EMPLAZAMIENTO: proximidad al transporte público; proximidad a equipamientos y servicios; facilidades para la bicicleta; capacidad de carga de vehículos eléctricos; clasificación de residuos sólidos urbanos; gestión y restauración del hábitat; uso de plantas para crear sombras; efecto isla de calor; contaminación lumínica.

 

2. ENERGÍA Y ATMÓSFERA: consumo de energía primaria; generación distribuida; consumo en zonas comunes; elección responsable de refrigerantes.

 

3. RECURSOS NATURALES: consumo de agua en aparatos sanitarios; necesidades de riego en jardines; consumos de agua singulares; uso de agua no potable; uso de materiales reciclados; elección responsable de materiales; uso de materiales de producción local; el edificio como banco de materiales; gestión de los residuos de la construcción; nivel de intervención en rehabilitaciones; impacto de los materiales de construcción; ecoetiquetado de producto.

 

4. AMBIENTE INTERIOR: limitación de las emisiones de COV; control de la calidad del aire; iluminación natural; iluminación artificial; protección frente al ruido.

 

5. ASPECTOS SOCIALES: espacios para todas las personas; espacios para la comunicación; derecho al sol; derecho a la intimidad; contacto visual con el exterior; acceso a espacios abiertos privados; diseño inclusivo; conexión con la naturaleza; el edificio como una herramienta de educación.

 

6. CALIDAD DE LA EDIFICACIÓN: diseño pasivo; control parcial de los sistemas de clima (HVAC); control local de la iluminación; calidad en la construcción; puesta en marcha sistemática; custodia de la documentación del proyecto; certificaciones voluntarias de edificio.

Se trata de una concepción holística de la sostenibilidad que destaca indicadores tan innovadores como el peso que le da a la dimensión social del edificio, la biofilia (conexión con la naturaleza) y su papel como herramienta de educación. Además, pese a que se trata del capítulo con menor peso ponderado, la atención que le presta a la calidad del ambiente interior o incluso al impacto del ciclo de vida de los materiales de construcción la convierte en una certificación que va más allá del simple análisis energético o de consumo de carbono.

Siguiendo esta voluntad educativa, VERDE indica en su guía cuáles de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible están relacionados con los criterios y comparten metas comunes, entendiendo los sistemas de certificación como una herramienta de ayuda para definir los ODS.

De hecho, de entre sus objetivos, VERDE destaca que los edificios sostenibles favorecen a los usuarios, suponen un menor coste global y reducen el consumo de recursos naturales y las emisiones nocivas.

 

WELL Building Standard en EEUU

 

La certificación WELL Building Standard hace referencia al concepto holístico de wellness, que se define como el proceso a través del cual una persona empieza a tomar decisiones en favor de una vida saludable y un mayor nivel de bienestar. Así, esta etiqueta desarrollada por el International WELL Building Institute (IWBI) en 2014, consiste en un sistema de puntuación para edificios y comunidades que permite medir las características de los espacios construidos que impactan en la salud y el bienestar de los ocupantes, convirtiéndose en el primer sistema centrado exclusivamente en la salud y confort de los usuarios.

Se trata de una de las tres áreas críticas de impacto que el World Green Building Council identifica bajo el título “Human-health and well-being”. [13]

A nivel español, el Instituto Tecnológico de Galicia es su primer partner, encargado de adaptar el estándar a las condiciones y regulaciones de nuestro país.

La certificación Well parte de una hoja de ruta con el objetivo de respaldar la salud física y mental a través de la medición del rendimiento de 10 conceptos básicos:

 

– Aire

– Agua

– Alimentación

– Iluminación

– Movimiento

– Confort térmico

– Sonido

– Materiales

– Mente

– Comunidad

El sistema WELL funciona a cualquier escala, desde un único espacio interior hasta una organización completa. [14] Además, habla de eficiencia energética promoviendo muchos criterios que comparte con otras certificaciones de análisis puramente energético, pero nuevamente añade un enfoque basado en la perspectiva del bienestar del usuario, evaluando además su confort térmico.

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