VIVIENDAS DE IMPACTO POSITIVO EN LA REVISTA HOLA!

Publicado el 14 marzo 2024

VIVIENDAS DE IMPACTO POSITIVO EN LA REVISTA HOLA!

 

La revista Hola! publica en su versión digital un artículo sobre VIVIENDAS DE IMPACTO POSITIVO que ha contado con nuestro estudio como experto en arquitectura sostenible, ecológica y sana. Esta publicación semanal española cuenta con proyección internacional y está especializada en temas como moda, belleza y diseño.

En el artículo respondemos a una serie de preguntas sobre cómo no olvidarnos del medio ambiente cuando se construye una nueva casa o se reforma:

 

Comedor de casa pasiva en Pedrezuela

 

¿Por qué esta arquitectura sostenible es importante para la salud de los habitantes de esa casa y para el planeta?

Se trata de una pregunta muy acertada, puesto que la sostenibilidad está directamente relacionada con nuestra salud: no hay salud en un planeta enfermo.

La construcción genera un impacto sobre el planeta y este impacto es medible. Hoy en día resulta posible medirlo prácticamente todo y es posible conocer con exactitud el impacto que tienen muchas de las afectaciones que genera el proceso de construcción de edificios y el desarrollo de su vida útil sobre el medio ambiente y la salud de las personas.

La construcción o rehabilitación de un edificio, precisa una gran cantidad de materiales con procesos extractivos y de transformación más o menos intensivos que no solo agotan recursos planetarios limitados, sino que también consumen mucha energía que procede en muchos casos de fuentes fósiles, como el petróleo o el carbón, de hecho, algunos de estos materiales proceden directamente de la materia prima del petróleo como es el caso de los aislamientos plásticos o las ventanas de PVC.

Estos materiales suelen recorrer largas distancias hasta ser colocados en obra y, a excepción de las fibras vegetales o la madera, tampoco son renovables lo que significa que su extracción o bien está dañando ecosistemas o bien está agotando minas y recursos geológicos sin opción de recuperación.

Además, la mayoría de materiales que utilizamos para construir nuestros espacios de vida no se colocan directamente, sino que los protegemos con pinturas sintéticas en el caso de paredes, con barnices en el caso de muebles o con retardantes de llama y otros compuestos tóxicos en el caso de tejidos, se trata de compuestos químicos que se emiten en pequeñas cantidades al ambiente a lo largo de toda la vida útil del material y que afectan negativamente a la salud de las personas.

En este sentido, el impacto de nuestras construcciones sobre la sostenibilidad y la salud humana cobra especial relevancia en un escenario de emergencia climática en el que se han superado varios límites de capacidad de regeneración planetaria y en el que se ve amenazada la supervivencia humana en este planeta.

 

Existen muchas categorías de impacto, ¿cuáles son las vitales para lograr construcciones sostenibles?

El sector está empezando consensuar cuáles van a ser las categorías de impacto y como vamos a medirlas, ya hace muchos años que disponemos de certificaciones privadas independientes que han categorizado los impactos de la construcción, pero no ha sido hasta este pasado mes de diciembre de 2023 en que el parlamento europeo ha aprobado el último borrados de la directiva de eficiencia energética de edificios que por primera vez establecerá la obligatoriedad de declarar el potencial de calentamiento global de nuestros edificios.

La directiva establece el marco Level(s), como nueva referencia común para la evaluación del impacto de los edificios, estableciendo cinco categorías de impacto que incluyen los siguientes grupos:

  1. Emisiones de gases de efecto invernadero a lo largo del ciclo de vida del edificio
  2. Ciclos de vida de los materiales que sean circulares y eficientes desde el punto de vista de los recursos.
  3. Uso eficiente de los recursos hídricos.
  4. Espacios sanos y confortables.
  5. Adaptación y resiliencia al cambio climático.
  6. Coste y valor del ciclo de vida completo del edificio.

Estas categorías no solo nos permiten tener una visión global de los impactos que puede tener la construcción de un edificio a la hora de reducirlos, sino también identificar aquellas que actualmente se han convertido en una cuestión crítica como es la gestión de recursos hídricos en el territorio español o categorías que hasta ahora quedaban relegadas a un segundo plano como la evaluación de la calidad del aire interior y que afectan directamente a la salud de las personas.

 

La construcción es un sector contaminante, ¿cómo lograr viviendas de impacto nulo en emisiones de CO2?

Sin duda, la primera premisa de la sostenibilidad es la suficiencia. Es importante evaluar el impacto de los edificios según la eficiencia de uso y el impacto per cápita.

El IPCC describe el concepto de suficiencia como la consecución del bienestar para todos 8.000 millones de personas que habitan este planeta, asegurando acceso a refugio, nutrición, sanidad, transporte, información, educación y espacio público de relación dentro de los limites planetarios.

El hecho de diseñar espacios que optimicen los metros cuadrados construidos por persona así como el uso del suelo y la utilización de recursos planetarios es la primera premisa de reducción de impacto de carbono.

Preservar estructuras y rehabilitarlas, reducir los metros cuadrados per cápita necesarios para una vida digna y diseñar para la recuperación y reutilización de materiales siguiendo los principios de la economía circular son sin duda las primeras premisas a tener en cuenta.

A partir de aquí el impacto de carbono de un edificio se divide principalmente en dos aspectos fundamentales:

– En primer lugar, el consumo directo de energía operacional, que principalmente la necesitamos para calentar o enfriar unos edificios mal construidos y mal aislados que no se han diseñado con criterios bioclimáticos y de eficiencia energética. Esto se denomina carbono operacional y supone el 28% de las emisiones de carbono a nivel mundial. Esto ya lo sabemos desde hace muchos años y tenemos directivas europeas de eficiencia energética que ya establecen que todos los nuevos edificios deben ser de consumo nulo, sin embargo, tenemos una enorme tarea por delante para rehabilitar alrededor del 80% de nuestro parque construido, mejorando los aislamientos térmicos y cerramientos para reducir la demanda de energía.

– En segundo lugar, debemos reducir el consumo de carbono procedente de la producción de materiales, el denominado carbono incorporado que actualmente representa el 11% de las emisiones mundiales. Materiales como el hormigón, el acero o los plásticos consumen grandes cantidades de energía fósil y cuyos procesos de transformación emiten grandes cantidades de carbono. Si bien la industria se encuentra en un proceso de investigación para optimizar estos procesos, sus hojas de ruta de descarbonización se basan en tecnologías que aún no se han desarrollado como la captura de carbono y que no llegaran a tiempo para cumplir con los objetivos de reducción de emisiones adquiridos en el Acuerdo de París. Aquí la alternativa está sin duda en la utilización de biomateriales, la madera, las fibras vegetales, la tierra, la arcilla, la cal o nuevos materiales basados en hongos o tejidos reciclados son capaces de reducir el impacto de carbono a cero e incluso generar impactos positivos sobre el entorno y las personas.

Más allá de los impactos directos derivados del consumo de energía y recursos, el propio diseño de arquitectura tiene un importante potencial para la reducción del impacto de carbono, desde la concepción de diseños bioclimáticos que reduzcan la demanda de energía mediante el aprovechamiento de los recursos naturales, hasta la consecución de diseños compactos que optimizan los metros útiles de programa o espacios exteriores transpirables y permeables que reducen el efecto isla de calor y mejoran la gestión de recursos hídricos, los proyectistas disponemos de muchos recursos y estrategias que permiten reducir el impacto de carbono de una construcción hasta en un 50 o un 60% antes de iniciar la construcción.

 

¿Y cómo ser positivos medioambientalmente? ¿No es misión imposible?

De nuevo para entender el balance positivo o negativo es necesario distinguir entre consumo de recursos y energía:

Consumir recursos planetarios, -a no ser que sean procedentes de una fuente altamente disponible de procedencia local y renovable como la madera-, es una actividad que de por sí, genera un impacto irreversible sobre el planeta, los materiales procedentes de la litosfera son recursos limitados que se agotan sin opciones de renovación así que lo único que podemos hacer es concebir diseños que optimicen su uso y que permitan recuperarlos al final de su vida útil para generar un impacto controlado pero su balance nunca será positivo.

A nivel de energía si que podemos hablar de espacios de generación positiva puesto que en la Tierra si que existe una fuente inagotable y altamente disponible de energía que es el Sol. Diseñar espacios que sacan el máximo partido de la energía solar, almacenándola en forma de calor en invierno y protegiéndonos de ella en verano, generando espacios de confort y bienestar sin necesidad de utilización de energía activa es lo que nos permite la consecución de los denominados zero energy buildings. Si a estos edificios les añadimos placas solares para producir energía es cuando podemos hablar de edificios de energía positiva, sin embargo, esta afirmación no se puede hacer a la ligera puesto que los materiales necesarios para esta transformación energética y que deberían permitir que cada uno de nosotros podamos producir y almacenar nuestra propia energía, son escasos y cada vez tendrán un coste más elevado, así que los números no salen.

 

Pongamos el foco en los materiales: ¿cómo deben ser para que al final de su vida no tengan un efecto negativo en el medio ambiente?

Para no tener un efecto negativo sobre el medioambiente ni sobre las personas un material:

Debería ser saludable y no contener tóxicos nocivos para el medio ambiente ni para las personas.

Debería proceder de una fuente local renovable o altamente abundante como la tierra, tener un proceso de extracción responsable y con mínimo carbono incorporado en su proceso de transformación.

Y debería formar parte de un ciclo cerrado, con posibilidad de ser recuperado, reutilizado o devuelto a la tierra sin mayor impacto al final de su vida útil.

Si debo cumplir todas estos requerimientos resulta que me quedo con lo que ahora denominamos biomateriales pero que en realidad son los materiales que hemos utilizado a lo largo de los 200.000 años de historia de la humanidad y que permiten a los humanos seguir habitando este planeta. Se trata de la madera, la piedra, la tierra, las fibras vegetales y animales (como la lana), la cal, la arcilla o nuevos materiales basados en procesos de recuperación, reciclado o regeneración.

 

También pongamos el foco en las energías, ¿qué propones?

Si hablamos de energía, debemos empezar poniendo el foco en la reducción del consumo. Hoy en día, tenemos conocimientos suficientes para aplicar estrategias de la arquitectura pasiva basadas en la adaptación al clima de nuestros edificios, sacando el mayor partido de los materiales de los que se componen para reducir el consumo energético prácticamente a cero a nivel de energía necesaria para asegurar el confort higrotérmico y disponer tan solo de una demanda residual correspondiente solo a la energía necesaria para producir agua caliente para baños o electricidad para nuestros electrodomésticos o aparatos electrónicos.

Esto se consigue mediante un diseño bioclimático que capte energía solar en invierno, una energía en forma de calor que se almacena en muros y pavimentos de inercia, que son materiales de elevada densidad capaces de almacenar calor, y que no permitimos que se escape mediante un elevado aislamiento térmico, así como una elevada estanqueidad de juntas.

En verano, por lo contrario, nos protegemos del sol mediante pérgolas verdes, persianas de lamas o voladizos que son sistemas que garantizan luz pero evitan la radiación solar directa y que permite a los muros y pavimentos de inercia mantener el frescor durante horas gracias de nuevo, a su aislamiento térmico exterior. Durante la noche, cuando la temperatura desciende, es cuando aprovechamos para ventilar y refrescar estos espacios de vida.

Es importante tener en cuenta que la eficiencia energética y la reducción de demanda va completamente ligada a la estanqueidad de nuestros espacios de vida, evitamos cualquier intercambio no controlado de temperatura entre interior y exterior y esto supone vivir en espacios estancos en los que si no abriésemos las ventanas no entraría suficiente oxígeno y se acumularían co2 y otros contaminantes. Es por ello que debido a la tendencia de las regulaciones en materia de eficiencia de exigir espacios cada vez más estancos, se estableció la exigencia de asegurar una renovación de aire controlado. Esto se puede hacer mediante complejas maquinarias de renovación o bien mediante el diseño de patios y galerías bioclimáticas que aseguran una renovación de aire y garantizan la calidad del ambiente interior de nuestros espacios de vida sin pérdidas energéticas y sin necesidad de instalación de complejos sistemas de renovación forzada.

 

¿Se puede aplicar la cultura regenerativa en el hogar? ¿De qué modo sugieres hacerlo?

La arquitectura regenerativa es la práctica de involucrar al mundo natural como medio y generador de la arquitectura, tratando los edificios como parte de un sistema más grande que gestiona los recursos naturales, hídricos y energéticos que consumen los edificios a lo largo de su vida útil y la producción de sus materiales de construcción.

Implementar la cultura regenerativa en el hogar pasa por prestar atención a los ecosistemas que la envuelven, asegurando la reducción del impacto de la arquitectura en su entorno, a través de prácticas como el uso responsable del suelo, una correcta gestión de los recursos hídricos, la integración en la naturaleza y de la vegetación en los espacios de vida, y acciones cotidianas como el empleo de recursos propios como huertos urbanos, alimentación sostenible y estilos de vida que promuevan el residuo cero a través de las 5R: rechazar lo innecesario, reducir lo que necesitamos y no podemos rechazar, reutilizar lo que consumimos, reciclar y compostar el resto.

 

Las plantas, ¿cómo hacer que formen parte de las viviendas (cubiertas, fachadas, porches verdes)?

La biofilia es aquella tendencia innata del ser humano a conectar con la vida y los procesos naturales, por lo que la integración del diseño biofílico pasa por la integración de vegetación en los espacios de vida y la comprensión de las ventajas que esto aporta a nivel de confort higrotérmico, regulación de temperatura y humedad, absorción de tóxicos y CO2 y gestión de recursos hídricos.

La naturaleza es sabia y es por eso que la vegetación es capaz de adaptarse a los cambios en el clima que la rodea, derivando en edificios que funcionan mejor bioclimáticamente en verano e invierno y resultan más resilientes de cara a los cambios futuros del clima. Así, una fachada verde limpia el aire de impurezas y nos protege de la radiación solar con sus  hojas a la vez que absorbe la humedad en verano permitiendo refrescar el ambiente a través de su evaporación, mientras que en invierno pierde las hojas permitiendo el paso de la luz y el asoleo.

A nivel de soluciones arquitectónicas, las cubiertas verdes generan una capa de tierra que sirve como aislamiento y material de elevada inercia, ayudando a amortiguar los cambios de temperatura entre la noche y el día. Las pérgolas bioclimáticas recubiertas con vegetación hacen el mismo efecto de filtro, generando una serie de espacios exteriores cubiertos que nos permiten extender los espacios interiores hacia exteriores habitables y confortables en contacto directo con la naturaleza y floreciendo o perdiendo su follaje según la estación del año-

En última instancia, la presencia de plantas en el interior de una vivienda o simplemente la conexión visual con la vegetación exterior permiten una mejora de nuestra salud física, mental y emocional que deriva en una mejora de la calidad de vida, las relaciones interpersonales y la sensación de comunidad, mejora de la productividad o disminución de los niveles de estrés y depresión, entre otros.


Ahorro hídrico es una cuestión vital, en especial desde que la emergencia climática nos está trayendo fuertes sequías. ¿Qué soluciones resultan efectivas?

Por supuesto, la estrategia principal siempre es la reducción del consumo, en este caso de consumo hídrico.

En el caso de las viviendas, en el momento en que tenemos una consciencia medioambiental, el consumo de una vivienda a nivel doméstico es relativamente optimizable mediante hábitos adecuados, así como electrodomésticos y aparatos sanitarios de reducido consumo, si bien se podría optimizar en algunos casos, especialmente en viviendas unifamiliares, mediante instalaciones de wáteres secos, muy comunes en países nórdicos o sistemas de recuperación de aguas grises para riego y limpieza.

Sin embargo, el problema del uso de agua es necesario abordarlo a nivel urbano. Tenemos un problema de ineficiencia a gran escala desde el momento en que nuestras redes de alcantarillado mezclan aguas de lluvia con aguas grises procedentes de lavamanos y duchas y aguas negras procedentes de inodoros y contaminando todo el resto para conducirlas a una depuradora.

Además, nuestros entornos urbanos suelen estar sobrepavimentados evitando que el agua de lluvia se filtre de forma natural en el terreno y generando efecto de isla de calor.

Sin duda se trata de un problema que se debe abordar desde las administraciones estableciendo limitaciones en la jardineria extensiva que precisa un gran consumo de agua y promoviendo los sistemas xerófitos basados en vegetación autóctona con una reducida necesidad de agua, pautas de gestión de aguas pluviales en el propio terreno mejorado la amortiguación higrotérmica de nuestros entornos o estableciendo la obligación de recuperación de aguas grises para riego o limpieza exterior.

 

Proyectos que tengan un impacto positivo en el planeta, edificios completamente neutros que se puedan biodegradar y devolver al terreno, con un impacto positivo para la salud de las personas y el medio ambiente. ¿Cómo se logra?

Es importante tener en cuenta que antes de hablar de materiales bio que se puedan devolver al terreno debemos haber pasado por el resto de premisas de sostenibilidad, en primer lugar, debemos preguntarnos si es necesario llevar a cabo la construcción o podemos reaprovechar un edificio o espacio existente que podamos rehabilitar o en su caso si podemos aprovechar los materiales previos siguiendo las premisas de la economía circular.

En el caso de que debamos construir de cero por supuesto los biomateriales deberían ser la primera opción, materiales como la madera y sus derivados, la tierra -en forma cruda o aglomerada en formato prefabricado con cal-, las fibras vegetales como la fibra de madera, la paja, el algodón procedente de textiles reciclados o fibras animales como la lana que pueden ser utilizadas como aislamiento, la cal o la arcilla, entre otros nuevos materiales bio.

Se trata de materiales con un impacto ecológico reducido, altamente disponibles, saludables y que en la mayoría de los casos pueden ser producidos de forma local.

Es importante tener en cuenta que estos materiales no pueden ser planteados al final del proceso de diseño, puesto que entonces se complica la viabilidad económica del proyecto.

Debemos partir del hecho de que los materiales fósiles como el hormigón, el acero o los plásticos no imputan los costes medioambientales en su precio de venta, se trata de un coste que cargan en la cuenta del medioambiente o de las generaciones futuras en forma de cambio climático y destrucción de ecosistemas y por este motivo son mucho más competitivos.

En este sentido la primera premisa para conseguir que sea viable económicamente construir con biomateriales es reducir y optimizar superficies y recursos y plantear desde las primeras fases de proyecto la necesidad de minimizar la huella ecológica y el impacto medioambiental de nuestras construcciones, esto es algo que estos momentos llevamos a cabo profesionales conscientes y comprometidos que luchamos por una arquitectura de impacto nulo pero que en pocos años pasará a estar regulado con la futura directiva europea de declaración de potencial de calentamiento global que está pensada para seguir los pasos de países como Francia o Dinamarca en los que la  limitación de carbono de los edificios ya es una realidad y en los que construir con biomateriales ya no es una opción sino la única opción para cumplir con las limitaciones de impacto exigidas para obtener un permiso de construcción.

 

¿Existen certificaciones que valoran el impacto medioambiental de una vivienda? ¿Cuáles?

Las principales certificaciones internacionales más destacadas a nivel mundial como LEED (US Green Building Council), BREEAM (Bulding Research Establishment) o Verde a nivel español, abordan la mayoría de impactos del entorno construido, existen también certificaciones específicas a nivel de circularidad como Cradle to Cradle o a nivel de salud como la certificación Well.

Recientemente la Unión Europea ha lanzado el programa Level(s) para la certificación del impacto de edificios que por el momento se encuentra en fase de adopción voluntaria y que se prevé que acabe siendo la base de la regulación europea de cómputo y limitación de impacto del entorno construido. Level(s) evalúa el impactos en 4 fases de la vida útil de un edificio: fase de diseño, de ejecución, de ocupación y fase posterior a la ocupación.

 

Por último, querría una reflexión acerca de por qué esta es la forma en la que se debe construir, logrando un impacto positivo y no siendo altamente contaminantes.

En un escenario de emergencia climática, todas las personas que nos ha tocado vivir en este momento de la historia de nuestro planeta tenemos una tremenda responsabilidad con las generaciones que nos han precedido y las generaciones futuras.

Sabemos que nuestro impacto sobre este planeta no permite la supervivencia humana a largo plazo y esto se debe abordar desde todos los ámbitos de nuestra vida.

Sin duda, los espacios que habitamos cobran especial relevancia en el impacto medioambiental, transformar nuestra construcción hacia un escenario con consciencia y respeto absoluto por el entorno y las personas es una cuestión de supervivencia.

 

 

Podéis leer el artículo completo Así se diseñan viviendas con un impacto medioambiental positivo en el siguiente enlace.