Slow Studio en el especial sobre sostenibilidad de la revista NAN Arquitectura

Publicado el 09 marzo 2026

 

La revista NAN Arquitectura y Construcción incluye a Slow Studio en su último número 195 Especial Sostenibilidad, un reportaje titulado Sostenibilidad en la arquitectura: de la eficiencia al cambio sistémico que reúne a diferentes estudios y profesionales para reflexionar sobre cómo está evolucionando hoy el concepto de sostenibilidad en la práctica arquitectónica.

El artículo plantea un análisis amplio sobre el papel de la arquitectura frente a los retos ambientales actuales, abordando cuestiones como el ciclo de vida de los edificios, la suficiencia material, la resiliencia territorial o la responsabilidad profesional en el uso de los recursos. A partir de las reflexiones de distintos estudios, el reportaje dibuja un panorama sobre cómo la sostenibilidad está dejando de entenderse únicamente como eficiencia energética para convertirse en un marco cultural y disciplinar que guía el proyecto desde sus primeras decisiones.

En este contexto, Slow Studio aporta una reflexión sobre la relación entre arquitectura, recursos y responsabilidad profesional. Tal como se expone en el reportaje, la sostenibilidad no se plantea únicamente como un conjunto de indicadores o certificaciones, sino como una revisión profunda de la forma en que la arquitectura se relaciona con un planeta de recursos finitos y con el impacto que la construcción genera sobre los ecosistemas y la salud de las personas.

El artículo también pone el foco en la importancia de las fases iniciales del proyecto como momento clave para tomar decisiones que determinan el consumo de materia, energía, suelo y agua asociado a un edificio. En este sentido, Slow Studio defiende el concepto de suficiencia, entendido como la búsqueda de soluciones que respondan a las necesidades reales reduciendo al máximo la demanda de recursos y el impacto ambiental.

El especial reúne también las aportaciones de otros estudios como Ruiz-Larrea Arquitectura, Picharchitects o Paisaje Transversal, ofreciendo una mirada plural sobre los desafíos actuales de la profesión y sobre la evolución del discurso de la sostenibilidad hacia una visión más integral que incorpora el ciclo de vida completo de los edificios, la circularidad de los materiales y la resiliencia frente a los desafíos climáticos.

 

¿Qué significa hoy la sostenibilidad en la práctica arquitectónica, más allá de los estándares o certificaciones?

La sostenibilidad hoy en día en arquitectura parte de la consciencia. De la consciencia de que nuestro estilo de vida y todo aquello que damos por convencional se basa en una relación inestable y desequilibrada con nuestro planeta. Y como toda relación inestable, en algún momento colapsa en forma de crisis climática, pérdida de biodiversidad y degradación de los ecosistemas que sostienen nuestra vida.

Vivimos en un planeta de recursos finitos y limitados, repartidos de forma desigual, y la mayoría de las personas que habitamos el norte global, es decir, los países con un mayor consumo de recursos, llevamos un estilo de vida que genera un elevado impacto medioambiental y una depreciación acelerada de los recursos planetarios.

La práctica arquitectónica es una actividad altamente intensiva que requiere una gran cantidad de recursos materiales y donde esta relación inestable se hace especialmente evidente. Si estos materiales no proceden de fuentes renovables o altamente disponibles, si requieren grandes cantidades de energía fósil en sus procesos productivos y no son fácilmente recuperables, reutilizables o devueltos a la tierra al final de su vida útil, entonces nuestra práctica genera un impacto insostenible sobre los ecosistemas y sobre la salud de las personas.

Y este impacto no es gratuito, sino que se convierte en una hipoteca para las generaciones futuras. La contaminación, la toxicidad, las emisiones de CO₂ o el agotamiento de recursos que generamos con nuestras construcciones representan un uso injusto de los recursos naturales. Son recursos que no nos pertenecen, sostienen nuestra vida y la de las generaciones futuras. Hacer un uso irresponsable de un bien tan preciado es una falta de responsabilidad profesional.

 

¿En qué fases del proyecto consideráis que se toman las decisiones más determinantes desde el punto de vista ambiental y social?

Sin duda en la fase de anteproyecto. Es el momento en el que se decide cuánta materia, energía, suelo y agua vamos a movilizar para ese edificio. La primera premisa es la suficiencia. Según la definición del IPCC en su informe Buildings, la suficiencia se entiende como el conjunto de decisiones que evitan la demanda innecesaria de energía, materiales, suelo y agua, garantizando al mismo tiempo unas condiciones de vida dignas dentro de los límites planetarios.

Desde la práctica esto se traduce en preguntarnos qué recursos y cuánta superficie son realmente necesarios para llevar a cabo una arquitectura que asegure una vida digna, responsable y en consciencia, sin hacer un abuso de nuestra parte correspondiente de recursos y energía como seres humanos. En términos prácticos, esto implica cuestionar si necesitamos nueva superficie construida o podemos rehabilitar, cuántos metros cuadrados por persona son razonables o qué sistemas constructivos nos permiten reducir al máximo la materia y la energía movilizadas.

Esto pasa por reducir a lo esencial: reducir metros, sistemas constructivos, instalaciones y acabados, pero también revisar patrones culturales de uso del espacio, expectativas de confort y de consumo.
En un planeta de 8000 millones de personas con recursos limitados, la pregunta clave es qué cantidad de espacio y de materiales es suficiente por persona para garantizar unas condiciones dignas de habitabilidad, salud y acceso a espacios verdes, culturales y educativos. En el momento en que intentas resolver necesidades y no aspiraciones, el proyecto empieza a coger un tamaño adecuado.

 

¿Qué tensiones o contradicciones detectáis entre sostenibilidad, viabilidad económica y marco normativo?

Para nosotros la primera premisa es partir de que la sostenibilidad en arquitectura no es más cara. La arquitectura sostenible paga el precio real de las cosas, evitando externalizar sus costes a las próximas generaciones y a los millones de personas que sufren hoy las consecuencias del cambio climático.
La pregunta pertinente sería qué contradicciones encontramos entre la arquitectura mal denominada convencional y la justicia ambiental.

Cuando decido construir con materiales de elevado impacto ambiental que precisan grandes cantidades de combustibles fósiles en sus procesos productivos, como son el hormigón, el acero o los plásticos, estoy generando un impacto en forma de emisiones de CO₂, contaminación y agotamiento de recursos

¿Quién asume estos costes medioambientales?

La arquitectura convencional se construye mediante la generación de deuda. Una deuda medioambiental externalizada a quienes vendrán después.

Pero sí, hay que hablar de costes, y para nosotros la vía no es quejarnos y lamentarnos, sino luchar y alzar la voz para remover consciencias y conseguir que nuestros clientes y promotores apuesten por la vida y la salud por delante del beneficio económico o de las aspiraciones.

En cuanto al marco normativo, hay mucho trabajo por hacer para que se regule y promueva la descarbonización del sector. En el momento en que una actividad económica está afectando negativamente a la salud y al bienestar de las personas y del planeta debe aparecer una regulación que vele por el bien común. Si yo como promotor decido construir un edificio de hormigón, acero y plástico para maximizar mi beneficio y con ello genero un impacto negativo sobre el planeta en forma de emisiones de CO₂, aquí debemos poner un límite para salvaguardar el bien común de nuestra generación y de las próximas generaciones.

 

¿Creéis que el discurso sobre sostenibilidad está evolucionando hacia enfoques más integrales, realistas y amplios? ¿En qué sentido?

Sí, sin duda. Cuando nosotros empezamos a divulgar sobre sostenibilidad hace más de 10 años, ya había más o menos consenso en que la arquitectura tenía que ser energéticamente eficiente, reduciendo el carbono operativo emitido por nuestros edificios. En los últimos años empieza a ser patente la necesidad de hablar también del carbono incorporado, aquel que se produce durante los procesos de extracción y transformación de materiales de construcción industrializados y que incorporan elevadas cantidades de CO₂ antes de ni siquiera inaugurar un edificio.

Pero quizá lo más urgente es iniciar el debate sobre el cambio de consciencia que supone pasar a evaluar nuestras decisiones como profesionales desde la consciencia y la suficiencia. La consciencia de que nuestras acciones tienen un impacto sobre el futuro de las personas y del planeta, y de que la solución pasa por entender que con menos es suficiente.

La suficiencia aquí no es solo una cuestión técnica, sino también cultural. Tiene que ver con aceptar que podemos vivir bien con menos superficie por persona, con edificios mejor compartidos, con menos consumo material y con expectativas de confort más alineadas con la realidad climática del planeta, abriendo la puerta a una práctica arquitectónica mucho más honesta y responsable.

 

Podéis leer el reportaje completo Sostenibilidad en la arquitectura: de la eficiencia al cambio sistémico en el siguiente enlace.